"Yo creía que era yo quien iba a darles algo a ellos y son ellos quienes me lo dan a mí, haciéndome crecer como persona"

Me llamó Nani, tengo 37 años y soy de un pequeño pueblo de Jaén, aunque en Murcia ya llevó 15 años.
Siempre sentí la necesidad de poder hacer algo por los demás que pudiera sacarles una sonrisa o hacerlos sentir bien. Cuando me hablaron de Fundación FADE y de la labor que realiza supe que era el momento de sacar esa espinita que tenía clavada y ayudar de forma desinteresada a personas que lo necesitan.

Comencé mi voluntariado en la residencia de mayores Hogar de Betania y me al llegar me di cuenta de que en la residencia eran como una gran familia, donde todos se conocían. Me recibieron con los brazos abiertos.

Yo pensaba que podía darles algo que anhelaran, ya fuese compañía, una conversación que les trasladara a su infancia, o que me contasen su larga vida con alegrías y tristezas, pero con esa memoria prodigiosa que no tiene explicación para mí, ya que casi todos tienen más de 85 años y da gusto verlos.  

En todo este tiempo he ido conociendo uno a uno a los residentes, preguntándoles por sus vidas y si hay algo -que esté en mi mano- que quieran que les traiga del exterior. No os podéis imaginar mi sorpresa cuando me contestan que una muñeca, o una estampita del santo de la iglesia del barrio en el que se criaron…cosas poco materiales, pero que les hacen tan felices y que les trasladan a su infancia o a el lugar donde vivieron toda su vida. 

También hay veces en que echas en falta a alguno de ellos y cuando preguntas descubres que nos han dejado. En estas ocasiones te quedas satisfecha por esas largas conversaciones, esas risas compartidas y el cariño mutuo compartido con esa persona. Ahora tengo en mi mente a Juana de Cartagena, que el pasado 24 de marzo cumplió 101 años y -aunque a los pocos días se marchó para reencontrarse con sus seres queridos ya desaparecidos- siempre tendrá un hueco en mi corazón así como ella era: fuerte y risueña. 

Así que sólo puedo dar las gracias a FADE por darme la oportunidad de conocer a estas grandes personas: mis abuelic@s, como yo los llamó. Yo creía que era yo quien iba a darles algo a ellos y son ellos quienes me lo dan a mí, haciéndome crecer como persona y valorar cosas que antes pasaban desapercibidas para mí. Gracias a Hogar de Betania por tanto que me da a cambio de tan poco. Estas dos horas semanales llenan mi corazón mucho más que cualquier otra cosa.
 
Encarnación Requena
Voluntaria del proyecto SECUNDA en la residencia de mayores Hogar de Betania

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